Grupo de los miércoles

Wednesday, April 26, 2006

La responsabilidad: El legado Freudiano

Hola GDM,
A continuacion les envio la ponencia de Jonathan. Vale la pena leerla y discutirla. Vean la diferencia de trabajos, entre este y la desconstruccion freudiana. Saludos,
Alejandro Cerda

PD. Abogo por unas chelas el 3 de Mayo (miercoles), 9 de Mayo (martes) o 10 de Mayo (miercoles). Yo opto por el 9 ya que el 10 no hay clases en la UIA. Saludos y muchas gracias por el apoyo y comentarios acerca del coloquio. Vale la pena seguir adelante. Luego pongo mi ponencia, promise.


La Responsabilidad: El legado Freudiano.
Jonathan Davidoff
A 150 años del nacimiento de Freud, si comparamos a nuestra sociedad y al mundo en que vivimos con el que Freud vivió podemos observar que mucho ha cambiado, y a la vez nada. Las cosas sí se presentan en una envoltura diferente, ajustada a la realidad actual, pero de fondo podríamos pensar que la esencia humana no ha cambiado mucho.
Hay algunos que sostienen que la cultura ha relajado algunas de sus prohibiciones y su constreñimiento; volviéndose más permisiva y hedonista lo cual por ejemplo, puede hacer que los casos de histeria conversiva, tal como nos los planteó Freud en su momento, hoy sean menos escandalosos, o por lo menos que el escándalo sea menos evidente; sin embargo no ha cambiado la manera en que la histeria se sitúa frente a la demanda o al deseo. Esto constituye una prueba fehaciente de que lo que Freud vio en sus pacientes, son elementos que constituyen la naturaleza misma y el funcionamiento del ser humano, más allá de su presentificación contextual.
El avance de la ciencia, de la psiquiatría y el surgimiento de corrientes pseudo-terapéuticas que prometen resultados milagrosos en un par de sesiones, muchas veces obturan el posible encuentro del sujeto con su verdad; sin embargo este deseo de “resultados milagrosos” tampoco es novedoso, está en la propia esencia del ser humano; lo retomaremos más adelante.
Mucho se ha dicho de Freud en relación a su énfasis en la sexualidad humana, a sus supuestos postulados chovinistas falocéntricos; ha sido criticado por muchos; pero a mi parecer, una de las cosas que gratamente podemos pensar que no ha cambiado desde los tiempos de Freud (y que esperemos no cambie nunca) es que justamente en el terreno de la sexualidad, es que nos reconocemos como seres humanos. Rodeados de aditamentos que más que un encuentro genuino, propician un desencuentro, podemos pensar que es en el terreno de la sexualidad donde todavía nos encontramos con el otro y nos constituimos como sujetos. Además es claro que la teoría freudiana ha sido malinterpretada por muchos e ignorada por muchos más, lo cual personalmente me preocupa y motiva una parte de mi exposición de hoy.
Entonces podríamos pensar que nos encontramos en un mundo aparentemente diferente, pero igual en el fondo.
Sin embargo, sí hay algo que cambió desde el nacimiento de Freud y que es desde mi punto de vista, el principal legado de Freud a la humanidad y que es el psicoanálisis como posibilidad de responsabilizarse.
Antes del nacimiento de Freud, no se concebía en el mundo una práctica que hiciera lugar al sufrimiento psíquico de “los locos”; y este término se dejaba para aquellos, que hoy por hoy, son vistos como sujetos que han encontrado otra manera de defenderse de aquello de lo que todos nos defendemos. El psicoanálisis, mediante la palabra viene a hacerle un lugar a este sufrimiento, y esto le confiere al loco un lugar y reconocimiento como sujeto. Freud inició un movimiento que se dedica a escuchar lo inaceptable, lo indecible; un movimiento que sin duda fue algo muy novedoso en el momento de su creación y que hoy mismo no nos deja de sorprender. Los descubrimientos y construcciones freudianos; la transferencia, el inconsciente, las estructuras psíquicas, etc., pueden ser vistos entonces como artificios que posibilitan esta escucha, y que su vigencia sigue igual de patente que en el momento en que fueron concebidos.
Entonces podemos ver al psicoanálisis como un ofrecimiento; un ofrecimiento para hacer lugar y sostener al sujeto. Este ofrecimiento en el caso por caso se hace cuando se le plantea al paciente la regla fundamental de asociación libre y se hace patente la posición del analista en cada intervención de éste. Entonces el legado freudiano puede ser pensado como un ofrecimiento a la humanidad, como una posibilidad para el sujeto. Que exista esta posibilidad para el sujeto le presenta a éste una afrenta que es el meollo de este ofrecimiento: el hacerse responsable por sus producciones y despliegues, implicarse en lo que le pasa y entonces poder tomar una decisión diferente que no sea del orden de la repetición.
Responsable es aquel sujeto del cual se espera una respuesta[1], y que no debe ser entendido como culpable, pues la culpa en psicoanálisis es de otro orden que la responsabilidad. La responsabilidad en psicoanálisis es ante las formaciones del inconsciente (síntomas, lapsus, sueños, chistes y actos fallidos); éstas hablan de una verdad, de la verdad del sujeto, y que rebasando la voluntad del yo emergen a la conciencia. Se trata justamente de asumir la responsabilidad por aquello que el yo desconoce; o sea, se trata de un Sujeto que responda por su deseo.
En La responsabilidad moral por el Contenido de los Sueños, El Yo y el Ello, El Problema Económico del Masoquismo y en el Cáp. VII del Malestar en la Cultura, Freud sostiene que “la conciencia moral misma es una formación reactiva a lo malo sentido en el Ello. Tanto más intensa la sofocación de eso malo, tanto más susceptible la conciencia moral”.[2] Aquí Freud nos señala la naturaleza de la conciencia moral y nos deja ver que responsabilidad y conciencia moral también son de otro orden; y que esa responsabilización no tiene que ver con la moral.
En “La responsabilidad Moral por el Contenido de los Sueños” Freud se pregunta “¿Debemos asumir la responsabilidad por el contenido de nuestros sueños? Y responde más adelante: “Desde luego, uno debe considerarse responsable por sus mociones oníricas malas (y buenas). ¿Qué se querría hacer, si no, con ellas? Si el contenido del sueño, rectamente entendido, no es el envío de un espíritu extraño, es una parte de mi ser; (...) debo asumir la responsabilidad por él; y si para defenderme digo que lo desconocido, inconsciente, reprimido que hay en mi no es mi “yo”, entonces no me sitúo en el terreno del psicoanálisis, no he aceptado sus conclusiones (...). Podría llegar a averiguar que eso desmentido por mí no sólo “está” en mí, sino en ocasiones también “produce efectos” desde mí”[3].
Con esto Freud delimita lo que en psicoanálisis se entiende por responsabilidad: saber que esto (sueño, lapsus, chiste, síntoma o acto fallido), aunque desconocido por mi (yo), me pertenece, está en mí, produce efectos y mi respuesta por él es esperable, es decir, soy responsable por él. La afrenta que mencioné antes gira alrededor de esto; del ofrecimiento al sujeto de la posibilidad de hacerse responsable y la decisión de éste de si tomar este ofrecimiento o no.
En el mismo texto Freud nos dice: “En la neurosis obsesiva el pobre yo se siente culpable de toda clase de mociones malas de las que nada sabe, mociones que le son enrostradas en la conciencia pero es imposible que él pueda confesarse”[4]. Si leemos El Hombre de las Ratas encontraremos esto que Freud escribe, o podríamos pensar en la Bella Indiferencia de la Histeria que encontramos al leer el caso Dora. En ambos casos el yo nada sabe de eso que le pasa. La posición de Freud siempre será la del develamiento de ese saber desconocido para el yo, implicándolo en lo que le pasa, posibilitándole la opción de una decisión que rompa con la repetición sintomática.
El no saber del yo es justamente uno de los puntos álgidos que el psicoanálisis le plantea a la humanidad. Hemos oído incontables veces que la teoría psicoanalítica es el tercer gran asesto narcisista a la humanidad. Y este asesto consiste justamente en esto, en aseverar que el yo, lejos de ser aquel que se encuentra en control, es el que nada sabe de su enfermedad, el que la padece, sustrayéndole al yo y a la conciencia el saber y el control de la conducta. Sin embargo la enseñanza de Freud es que no se trata de sustraerle al yo y a la conciencia el saber, el control o el poder, sino de regresárselos. Regresarle al yo y a la conciencia el saber es justamente responsabilizarse, implicarse en el deseo, o en términos freudianos: “Donde Ello era, Yo ha de advenir”.
La posición de Freud, y desde entonces la del analista, será la de regresarle al sujeto la posibilidad de decidir y responsabilizarse; entendido esto como una posible lectura de los objetivos de un análisis. Para ejemplificar esto, podemos pensar en el inicio del tratamiento del Hombre de las Ratas, uno de los casos de neurosis obsesiva más famosos de Freud, que en un año y algunos meses cumplirá 100 años de haberse publicado, prueba fiel de que poco ha cambiado desde entonces:
En el inicio del tratamiento, el HR llega con Freud solicitándole una carta. Esta carta estaría dirigida a los militares con los que el HR tenía relación y que estaban relacionados con su neurosis, y en ella Freud avalaría la escenificación de un pago que, de acuerdo al HR, sería la solución a su neurosis. A este hecho me refería al principio cuando hablé del deseo de resultados milagrosos; 100 años atrás existían al igual que hoy. Freud, obviamente rechaza de inmediato, pues esta solicitud no es más que parte de la propia neurosis. En vez de esto, Freud le propone al HR un tratamiento psicoanalítico que apostara a resolver los síntomas que lo aquejaban.
¿Qué entendemos con esto? El HR llega pidiéndole a Freud que, desde su lugar de autoridad en materia psicoanalítica, lo confirme en su enfermedad. En vez de esto, Freud le propone la posibilidad de implicarse en su enfermedad, de responsabilizarse por ella, de hablar de ella. El HR pretendía al inicio poner a Freud en el lugar de alguien que avalara su repetición sintomática casi delirante, y en vez de esto se encuentra con un ofrecimiento de hablar, con alguien que le ofrece un lugar como sujeto y que apuesta por la no repetición de sus síntomas. Esta es la posibilidad que Freud le ofrece al HR, y podríamos pensar, que es la posibilidad que el psicoanálisis le ofrece a la humanidad.
Nos podríamos plantear inclusive una situación más extrema, donde inclusive ahí, el sujeto estaría en posición de responsabilizarse; esta situación es lo que Freud plantea como lo siniestro. Retomando a Ulloa, autor argentino, entendemos a lo siniestro como aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo antiguo, a lo familiar. Lo siniestro siendo familiar es al mismo tiempo aquello dentro de lo cual uno no se orienta, algo promotor de incertidumbres. Pensemos a lo siniestro como aquellos secretos familiares que como factores patógenos, operan en la historia de algunos individuos. Es como la malignidad infiltrante de un cáncer ignorado, o quizá negado, pero existente. En estas familias, se encuentran aquellos que conocen el secreto y que éste puede inclusive conferirles poder; y por otro lado aquellos que desconocen el secreto y que sufren sin saberlo, conviven con algo que ignoran pero que presienten inquietamente, conjugándose este no saber con la negación propia de dichos sujetos.[5]
En relación al lugar del sujeto y del analista frente a los secretos nos dice Ulloa: “Si bien la posición del analista frente a lo siniestro debe ser la de producción de una verdad que ponga palabra y desarticule el secreto; el saber está del lado del sujeto, entonces inclusive frente a lo siniestro, está del lado del sujeto responsabilizarse por esto así como por la producción de una verdad”[6]. Si retomamos el caso de un secreto familiar, en el que podríamos pensar que hay una verdad que se le ha ocultado al sujeto, inclusive ahí, es esperable una respuesta del sujeto; una respuesta ante el deseo de no escuchar, de no saber y el de producir una verdad; el saber siempre ha estado del lado del sujeto, así que ¿por qué no habría de responsabilizarse inclusive cuando aparece un secreto patente en su historia?
Entonces, a partir de Freud, la repetición es también una decisión, pues con la creación del psicoanálisis, se ha planteado un ofrecimiento para romper con ella. Entonces en mi opinión el legado freudiano para la humanidad sería este ofrecimiento de poner palabra y responsabilizarse por lo propio y, sobre todo, el señalamiento de que aquél que no lo haga es porque ha decidido no hacerlo, pues tenía otra posibilidad.
Entonces después de 150 años del nacimiento de Freud poco ha cambiado en el mundo, pero este hecho de estaticidad en la humanidad, lejos de ser una circunstancia, ha sido una decisión. La existencia del psicoanálisis como posibilidad en el mundo, hace que la realidad sea otra para toda la humanidad; y que en estos términos, sí sea una realidad diferente a la que Freud nació. Hoy por hoy podemos pensar que si la humanidad es la que es, es porque ha habido una decisión de que así lo fuera, porque había otra posibilidad.
Hablar de Freud, desde el lugar de estudiante, me plantea preguntas en relación a todo lo anterior, y como dije al principio, personalmente me preocupa el gradual abandono de los fundamentos freudianos y de su tergiversación. Entonces para el estudiante, ¿qué significaría en estos términos hacerse responsable? En mi opinión la manera en la que el estudiante puede hacerse responsable por este legado freudiano es leyéndolo, justamente ejerciendo su función de estudiante, estudiándolo. Parecería algo simple, pero implica mucho desde esta perspectiva, pues son los estudiantes los que perpetúan este saber que es el psicoanálisis, por medio de su estudio (y práctica posterior). Son los estudiantes los garantes de la continuidad de este saber tan precioso para la humanidad.
Hago aquí una diferencia entre el lugar de estudiante y el lugar de alumno. El lugar de estudiante sería aquel lugar que solamente puede ser ocupado por un sujeto, por un sujeto activo que es interpelado por el texto y a su vez lo interpela; que se responsabiliza por sus contenidos, es decir, responde ante las preguntas que el texto le plantea. En cambio el lugar de alumno sería aquel lugar ocupado por un no-sujeto, donde no hay decisión que tomar pues se encuentra inmerso en la receptividad pasiva; no tiene posibilidad de responsabilizarse pues no hay pregunta formulada ni sujeto que responda. Esta diferencia es crucial, pues es justamente la diferencia entre estos dos lugares lo que puede evitar el olvido y promover la vigencia del psicoanálisis, y en ultimas cuentas, de cualquier saber.
Retomando a Ulloa, en relación al olvido nos plantea: “El olvido como valor social no solo instaura una cultura siniestra con todos sus efectos, sino que promueve la repetición de los hechos”.[7] Con esto, Ulloa nos dice que el olvido nos llevaría a una cultura con huecos olvidados en su historia, donde estos huecos serían parte importante de las razones de su decadencia, decadencia que giraría alrededor de la repetición sintomática de cada sujeto singular. El olvido del psicoanálisis y de Freud sería el paso necesario para caer en el máximo exponente de la cultura siniestra, pues sería eliminar la posibilidad de la no repetición sintomática.
Entonces, el lugar del estudiante es el de evitar el olvido como promotor de la repetición por medio del estudio; lo cual en éstos términos no es poco, pues es el estudiante (de psicología, filosofía, psicoanálisis, o cualquiera que estudia a Freud) el que por medio de la responsabilización por su lugar mantendrá abierta la posibilidad ofrecida a toda la humanidad de un lugar para el sujeto donde responsabilizarse; pues es el estudiante quien, mediante el estudio de psicoanálisis, permitirá la existencia y vigencia de éste para la sociedad; siendo entonces el estudiante el agente y garante del legado freudiano.

[1] Mosca. Responsabilidad, otro nombre del Sujeto. En: Fariña.“Ética, un Horizonte en Quiebra”.
[2] Freud. S. La Responsabilidad Moral por el Contenido de los Sueños. Pág. 136. AE.
[3] Ibíd. Pág. 136.
[4] Ibíd.
[5] Ulloa. “La Ética del Analista Ante lo Siniestro”.
[6] Ibíd.
[7] Ibíd.

1 Comments:

Blogger grupo de los miércoles said...

luego leo con calma el texto...
por ahora, lo que urge: chelas.
mi unica bronca con el 9 es que tengo clase hasta las diez. pero puedo caer despues.
por lo demas el 3 o el 10 me quedan bien.
el 3 con la ventaja de que al ser más cercano es menos objetable... la verdad! o no?

besos
gusto en ver a los que vi

9:31 PM  

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